Cómo perder el miedo al smartphone después de los 60
Durante mucho tiempo, los smartphones se han presentado como dispositivos complejos, llenos de botones invisibles y funciones confusas. Para muchas personas mayores de 60 años, el miedo no nace de la tecnología en sí, sino de la sensación de “no ser capaces” o de estropear algo importante. La buena noticia es que ese miedo es común, comprensible y, sobre todo, superable. El primer paso no es aprender a usar el teléfono, sino aceptar que aprender lleva tiempo y que equivocarse forma parte del proceso.
Un smartphone no exige saberlo todo desde el primer día. En realidad, la mayoría de las personas —de cualquier edad— utilizan solo un pequeño porcentaje de sus funciones. Llamar, recibir mensajes, hacer fotos o consultar una información básica ya cubre muchas necesidades diarias. Entender esto reduce la presión inicial: no hay que dominar el dispositivo, solo hacerlo útil para la vida cotidiana.
El miedo también disminuye cuando se aprende paso a paso. Empezar con acciones simples, repetirlas varias veces y convertirlas en hábito genera confianza. Cada pequeño logro —enviar un mensaje, guardar un contacto, ajustar el volumen— refuerza la sensación de control. La tecnología deja de ser un enemigo y comienza a sentirse como una herramienta al servicio de la persona, no al revés.
Otro aspecto clave es cambiar la forma en que nos hablamos a nosotros mismos. Frases como “soy muy mayor para esto” o “no sirvo para la tecnología” se convierten en barreras más grandes que el propio dispositivo. La realidad demuestra lo contrario: la capacidad de aprender no desaparece con la edad, solo necesita otros ritmos y explicaciones más claras. La paciencia es una habilidad, no una debilidad.
Perder el miedo al smartphone no significa depender de él todo el tiempo, sino usarlo con tranquilidad y confianza. Significa saber que puede acercarnos a la familia, ayudarnos a organizarnos mejor y facilitarnos tareas diarias. Cuando el miedo se transforma en curiosidad, el teléfono deja de ser un problema y se convierte en una puerta abierta a nuevas posibilidades, sin importar la edad.
